31 de enero de 2017

Ya no me puedes salvar

Imagínate que no me has desgarrado por dentro,
que no has sangrado en mi pecho
y te has regocijado luego en mi eco
cuando ya no te hacía falta.



Y yo creí que podrías salvarme.

24 de noviembre de 2016

El pensamiento circular

«Vuelve a pensar en él, 
con las piernas por el aire, 
y esperando no encontrarse nunca más.»


Recaer es solo tener que prometer que no lo volverás a hacer.
Nunca, nunca.

Tengo la boca llena de rosas negras,
sin espinas,
ya no me desangran.

Estoy lamiendo los daños,
las ganas,
tu ruido. 

Estoy temblando de miedo,
de frío.

La sangre hirviendo,
tus pupilas dilatadas,
el otro lado de la almohada,
y acabará. 

Pero no llegues lejos,
marchítate aquí mismo
y hazlo conmigo,
delante de mí,
detrás,
dentro, 
lento. 

Luego prométeme que no eres como Annie,
todavía me duele la despedida,
el que no vayas a regresar,
Allen y yo te queríamos.

Volveremos a reírnos,
seguro,
todavía lo estamos haciendo. 

2 de octubre de 2016

Os juro que ya no me duele nada.

Os juro que ya no me duele nada.
Ya no echo de menos 1999,
los segundos asaltos,
ni los incendios de nieve.

Todo va bien.
Tienes todo el tiempo del mundo para creerme,
te lo puedo demostrar.

He roto las ventanas del salón
y ni siquiera estaba ahí.
No recuerdo como sucedió,
de pronto,
apareciste,
una vez más.
Y yo
me rompí,
en millones de pedazos,
en millones de parpadeos.

No quiero jugar más a esto.
Quiero que se vayan todos los fantasmas de mi almohada,
y que aparezca de una vez el monstruo de encima de mi cama. 
Que se solape el llanto
y el abrazo de
‘todo va a ir bien’.

Nunca llega el último salto,
la fuerza
que no dejo de buscar,
fuera
de
mí.

Luego va a llover en todas las habitaciones
y tú sigues escuchándome,
compadeciéndote,
de las quejas desafortunadas,
de las malas decisiones,
en cualquier caso,
otra vez
de
mí.

Y yo ya no puedo volver a oírte decir,
‘todo va a salir bien’,
porque nada,
n a d a,
va bien
hace
demasiadas
estaciones.

Octubre ya ha llegado
y va a acabar por
flagelarse conmigo,
hasta que sangremos
todas las hojas
que no son nuestras.



9 de mayo de 2016

Implosionar.

Yo le pedí que nos hiciéramos mayores. Ya no podía aguantarlo más. Vivir en esta duda, que me ata, me encadena y me entierra, solo quería salir de allí huyendo. ¿Qué se siente cuando has cumplido un ciclo? Porque yo estoy a punto de implosionar, inmolarme el pecho y no volver a tener miedo nunca. Me siguen preocupando las mismas cosas que a todos los demás y me creo liberado. Seré idiota. Me gustaría estar enamorado para tener al menos una razón. He perdido los estribos y solo mido mi vida entre copa de vino y copa de vino. Tendría que haber hecho tantas cosas. Dejar de besar por haber besado, me arruinó la vida. He dejado de creer. De creer de verdad. Ya no tengo fe y eso sí que me salvaría de mí mismo. Me acuerdo todos los días de mis culpas y luego me pregunto, ¿qué culpas? Estándares. Patrones. Estereotipos. Ser feliz es otra cosa, ya me dirás tú el qué. Cierro el ciclo. Tengo miedo de toda la gente que me rodea. Ellos me han partido el corazón muchas veces. No lo entienden. No entienden cómo funciona el mundo. Ni siquiera yo. A mí. Nos salvamos en bocas ajenas. Actuamos por causa y efecto. Acción-reacción. El permiso antes que el perdón. ¿Y si todo sale bien? No deberías haber dicho nada. Eres la reina de todas mis novelas. A quién vamos a mentirle ahora, si solo quedamos tú y yo. De verdad, dime, a quién. Vuelvo a rendirme ante personas como tú, y lucho por no hacerlo. Me gustaría que supieras que soy más inteligente que tú, y que además lo sé. Hablo con condescendencia aunque no lo creas. Tiempo es lo que siempre me ha faltado. Tanto que me asfixia pensarlo. He decidido observarlo. Todo. Tengo que rendirme ante un futuro incierto cuando solo quiero hablarte de lo bien que nos hubiera ido si tú conocieras la filosofía russoniana y yo dejara de ser tan pedante. Estoy esperando a que paren de aniquilarme a preguntas. El séptimo arte: tu boca. Quiero que me hables de tu ángel negro, yo ya conozco al mío. Acuérdate bien de mí, porque no será la última vez. He decidido no elegir. Quedarme entre las sábanas y pasarme revista. Sí, a mí. La insoportable levedad del ser es no conocerse. Os lo juro. Nadie tiene más razones que yo para afirmarlo. Soy las consecuencias de un mal jueves de agosto. He cogido menos de veinte aviones en mi vida y mis manos son mundo. Quiero enseñarle todos los pliegues y los lunares de las palmas de mis manos. Luego iré yo a por las últimas resignaciones. 

Siento mucho las relaciones humanas, esto no tenía que pasar así.


25 de febrero de 2016

Solo querías hundir
tus manos
entre mis costillas,
y notar
como dejaba de latir
aunque ya estuviera muerta.




29 de enero de 2016

Huracán.

Salimos corriendo,
y luego tú,
no dejaste de agarrarme,
pero yo había ido demasiado lejos.

Di media vuelta,
y ya no te veía.
Tuve que volver a empezar,
dar marcha atrás,
y recordar qué habíamos sido
antes de este invierno.

Despertaba todos los días,
y eso sí que seguía siendo un drama,
para cuando me recomponía
solo había sopa fría en la nevera
y a mí ya no me importaba nada,
salvo seguir tu pulso.

Luego, fue acercándose,
huracán,
y ya no podía controlar
nuestra dirección.

Solo cuando me quebré
te diste cuenta
y no paraste de intentar
restablecerme.

Incluso ahora puedo ver,
que la tormenta no ha cesado aún,
no para de llover
y las alarmas suenan todas las veces
que no consigo reconocerte.


22 de noviembre de 2015

Golondrinas

¿Dónde quedaron las golondrinas?

Ya no repican las campanas
con sonrisas que no caben en una misma cara.

Ya nadie grita,
ni se ahoga
por no latir demasiado rápido.

Me contaron que,
un día salieron todas volando,
para no volver.

Los colores del arcoiris
son los colores de tu sombra,
pero sin tormenta
nunca te veremos resplandecer.

El tiempo perdido son,
horas que no llevan a ningún sitio,
pensar que todo puede salir bien
aunque salga mal,
no parar de bailar
hasta las cuatro de la mañana.

Lo que menos me gustan son las madrugadas,
porque me llenas la boca
y me desnudas la risa,
pero ni siquiera estás para verlo.

Alguien señaló una vez al cielo,
golondrinas,
tienen que ser golondrinas.

Se equivocaban de nuevo,
un avión a ninguna parte,
un avión a cada poro de tu piel.