9 de mayo de 2016

Implosionar.

Yo le pedí que nos hiciéramos mayores. Ya no podía aguantarlo más. Vivir en esta duda, que me ata, me encadena y me entierra, solo quería salir de allí huyendo. ¿Qué se siente cuando has cumplido un ciclo? Porque yo estoy a punto de implosionar, inmolarme el pecho y no volver a tener miedo nunca. Me siguen preocupando las mismas cosas que a todos los demás y me creo liberado. Seré idiota. Me gustaría estar enamorado para tener al menos una razón. He perdido los estribos y solo mido mi vida entre copa de vino y copa de vino. Tendría que haber hecho tantas cosas. Dejar de besar por haber besado, me arruinó la vida. He dejado de creer. De creer de verdad. Ya no tengo fe y eso sí que me salvaría de mí mismo. Me acuerdo todos los días de mis culpas y luego me pregunto, ¿qué culpas? Estándares. Patrones. Estereotipos. Ser feliz es otra cosa, ya me dirás tú el qué. Cierro el ciclo. Tengo miedo de toda la gente que me rodea. Ellos me han partido el corazón muchas veces. No lo entienden. No entienden cómo funciona el mundo. Ni siquiera yo. A mí. Nos salvamos en bocas ajenas. Actuamos por causa y efecto. Acción-reacción. El permiso antes que el perdón. ¿Y si todo sale bien? No deberías haber dicho nada. Eres la reina de todas mis novelas. A quién vamos a mentirle ahora, si solo quedamos tú y yo. De verdad, dime, a quién. Vuelvo a rendirme ante personas como tú, y lucho por no hacerlo. Me gustaría que supieras que soy más inteligente que tú, y que además lo sé. Hablo con condescendencia aunque no lo creas. Tiempo es lo que siempre me ha faltado. Tanto que me asfixia pensarlo. He decidido observarlo. Todo. Tengo que rendirme ante un futuro incierto cuando solo quiero hablarte de lo bien que nos hubiera ido si tú conocieras la filosofía russoniana y yo dejara de ser tan pedante. Estoy esperando a que paren de aniquilarme a preguntas. El séptimo arte: tu boca. Quiero que me hables de tu ángel negro, yo ya conozco al mío. Acuérdate bien de mí, porque no será la última vez. He decidido no elegir. Quedarme entre las sábanas y pasarme revista. Sí, a mí. La insoportable levedad del ser es no conocerse. Os lo juro. Nadie tiene más razones que yo para afirmarlo. Soy las consecuencias de un mal jueves de agosto. He cogido menos de veinte aviones en mi vida y mis manos son mundo. Quiero enseñarle todos los pliegues y los lunares de las palmas de mis manos. Luego iré yo a por las últimas resignaciones. 

Siento mucho las relaciones humanas, esto no tenía que pasar así.


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